lunes, 29 de febrero de 2016

Gritemos revolución.

Gritemos revolución
mientras todos los cobardes
callan.

Gritemos histéricamente
y que nos llamen locos,
sin saber que los locos
siempre fueron los mejores.

Hablemos de lo desconocido,
de versos escondidos,
de mentiras ocultas,
de pinturas abstractas,
de innovadoras poetisas,
de tiempos nuevos.

Gritemos que el poder
nunca fue arte
y que el arte
nunca fue por dinero.

Hablemos de lo de todos los días,
de que los ladrones
no son siempre
los que roban.

Gritemos libertad,
y subrayemos de expresión.

Hagamos cosas diferentes,
para hacer diferentes las cosas.
Hagamos que los ricos sollozen,
mientras los pobres se bañan con risas
(que son más poderosas que el dinero).

Hablemos de cultura,
de música no machista
y de todo lo que no llega
a la televisión.

De los que pagan,
y de los que no.
Démonos cuenta
que los que más dinero pueden dar,
no quieren pagar;
y los que menos pueden dar,
sienten obligación de pagar.
Qué ironía.

Contemos historias de verdad,
y no los cuentos
de la televisión.
Hagamos fuerte
las palabras
y débiles
los puños.

Interrumpamos al profesor
porque el estudiante está hablando,
y digamos que las verdades
que nos muestran
no son siempre de verdad.

Pintemonos de colores
los pechos desnudos
y escribamos versos
con grafiti en los ayuntamientos.

Pidamos libertad,
y quitemonos las esposas.
Dejemos la ignorancia
y construyamos la inteligencia.
Rompamos paredes
y creamos esperanzas
entre ruinas.

Gritemos revolución
y hagamos guerra
para construir la paz.
Míremos hacia delante
y dejemos el atrás.

Eres tú, tu mejor tú.

Te buscas
y yo ya te he encontrado.

Eres tú
y no has cambiado,
y no te busques
porque no hay nada que buscar;
porque eres tú
y no has cambiado.

Sigues siendo lo mejor de ti
en tus mejores años
en las mejores sonrisas
que nos quedaron.

Eres tú,
entre los pliegues de las sábanas,
bailando lo que nunca bailamos
y riendo como nunca lo hicimos.

Eres tú,
tu mejor tú.
Aquel que no ves,
pero nunca se ha ido.
Y no, no lo he encontrado
porque no estaba escondido.

Porque tú estabas un poco ciega
para poder verlo
entre toda esa mugre
de barro.
Pero la mejor flor
es la que crece
revolucionaria
entre los malos tiempos.

Eres tú,
la que brilla
entre sombras,
con su mirada lasciva
haciendo denotar
bombas
en mi corazón.

Eres tú,
que no te das cuenta
que nunca te has marchado
aunque tú lo hayas sentido.
Pero que no,
que yo no he sacado nada,
porque todo ya lo había.

Eres tú,
que me produces
la exaltación de sentimientos
en los miles de versos
que escribo.

Eres tú,
que ahogas las palabras
con una sola mirada.

Eres tú,
tu mejor tú,
aquel que nunca se ha ido
porque siempre ha estado.

Eres tú,
tu mejor tú,
porque no hay nada mejor
que tú.

sábado, 27 de febrero de 2016

Te amo.

Te amo.
Porque sí.
Porque todo sabe bien
si lleva tu nombre
y ninguno de los labios
que he besado
me han hecho sentir
como los tuyos.

Y porque sí.
Porque te amo.
Porque te necesito
a mi lado.
Porque en, tan poco,
te has convertido
en mi ilusión en el día
y mi sueño en la noche.

Porque los poetas hablaron de amor
pero nunca vieron tus ojos
como yo los he visto.
Porque por cada palabra
que sale de tu boca
suena una bella melodía
y porque no hay mejor partitura
que la que escriben tus dedos
en mi cintura.

Porque sí.
¿Por qué no?
Si el hombre llegó a la luna
yo puedo llegar a tus labios
aunque me cueste un par de años.

Porque sí.
Porque es imposible no enamorarse
de los monumentos de París
y la Torre Eiffel
no vale nada
comparado contigo.

Porque embarcas versos
en tus manos
y poesía
en tus labios.
O algo así.

Porque sí.
Porque no hay casualidad
más bonita
que no haya sido
encontrarte
en aquel camino.

Porque sí.
Porque lo bueno vendrá
y más si viene contigo.
Porque las cosas pasan,
así que vamos a pasarlas
juntos.

Porque dijeron que los jóvenes
no sabemos
lo que es amor verdadero,
pero o yo soy muy vieja
o tú eres demasiado bello.

No hace falta ser un experto
para saberlo.

Porque te amo
y qué más dará el resto.

Muerte.

Y ya ves.
Así pasa.
Cuando menos te lo esperas,
ahí está.
La muerte.
El frío destino
de la vida.
La carrera que nadie quiere terminar.
No hay premio.
No hay gloria.
Sólo soledad.

Ahí está.
Te tiende la mano frágil
en señal de ayuda
mientras con la otra
te ahorca.
Como un amigo infiel.

Ahí está.
Y ahí estás.
Llanto.
Dolor.
Tristeza.
Nostalgia.
Angustia.
Muerte.

Nos contaron
que los románticos
buscaban un ideal
que chocaba
con aquella realidad insatisfactoria
que vivían.
Que viven.
Que vivimos.

Ojalá supiese menos de la vida.
Pero sé demasiado.
Sé como empieza,
pero también como termina.
Y hoy en día,
es complicado creer
en el "todos van al cielo"
mientras que los cadáveres
se pudren bajo tierra
y las sin razones
ya no existen.

A veces me pregunto
si alguien me escucha.
Si esta vida vale algo.
Si el camino es desierto.
Si las cosas son las de antes.
Y qué pasará después.

Suelen decir
que si nos caemos,
nos levantamos.
Pero, ¿y si no nos levantamos más?

No quiero que el río desemboque en el mar.
Porque me da miedo el mar.
No sé nadar
ni gritar
lo suficientemente alto
como para que alguien me escuche.
No lo sé
porque nadie lo sabe.

No quiero hallar un camino sin salida.
No quiero cegarme
ni quedarme ciega.
No quiero llorar sin que nadie lo escuche
y no sentir el llanto
porque nada es lo que siento.
Y no lo quiero.
No quiero vivir tumbada entre flores
ni reír con la palidez en el rostro.
Y no quiero
y no se lo deseo
a nadie.

No más.
Llanto.
Dolor.
Tristeza.
Nostalgia.
Angustia.
Muerte.

El mar cura, las despedidas ahogan.

No sé qué pasa.
Últimamente me cuesta hablar
si no es contigo
y no veo nada,
tal vez porque me has cegado
con tu mirada.
Otra vez cuento los días
para volver a quedarme sin respiración;
y qué irónico:
ambos sabemos que me falta el aire
si no estoy contigo.

Huelo a ti
y a los miles de besos
que nos damos.
Sepo a ti
y tus labios
saben a estatua bañada en oro.
Supongo que es
porque eso es lo que eres.

Me invade de felicidad
verte de nuevo
y me llena de tristeza
verte marchar.
No sé cómo voy a superar
tener que despedirme
siempre que el cielo oscurezca.

Noto el roce de tu piel
con la mía
y me estremezco
porque tienes esa preciosa virtud
para hacerme
sentir rosa
cuando sólo soy margarita.

Me estoy hundiendo
porque me contaron
que el mar con sal
me iba a curar las heridas
y me he sentido
tan bien
que ahora soy incapaz de despedirme de él.

Tengo frío.
Y quiero besarte bajo la lluvia.
Tengo calor.
Y quiero dártelo.
Tengo poca autoestima.
Y quiero prestarte un poco.

¿Por qué nadie me lo dijo?
Lo peor de enamorarse
es tener que decir adiós.

Te he visto marchar.
No sé muy bien por qué,
pero una ráfaga de viento frío me ha recorrido la piel.
Espero que dentro de poco
devuelvas el verano
a mi cuerpo
y la primavera
a mi corazón.
Si te parece bien,
las cuatro estaciones
de Vivaldi.
Pero siempre que la música
seas tú
y tu respiración agitada.

Se me ha impregnado
tu olor en mi cuerpo
y te siento tan cerca
y me derrumbo
porque sé que lo no estás.

Me faltan palabras
y me sobran besos.
Me he quedado con ganas
de dormir a tu lado,
de ver tus ojos cerrados
mientras la luz de la calle aparece
y resplandece
las primeras horas
de la madrugada.

Está bien escuchar
los pájaros cantar
por la mañana,
pero no hay nada
más precioso
que tus susurros
en mi oído.

Me contaron
que el mar me iba a quitar las cicatrices.
A ver quién me quita a mí
toda esta tristeza
que me produce
tener que despedirme de ti.

Sólo tú y yo. Sólo nosotros.

Se sienta a mi derecha.
Con su sonrisa iluminando su cara perfecta. Sus ojos miel atraviesan las paredes de mi corazón y yo me quedo aquí, quieto, parado, sin saber qué hacer ni qué decir.
Su cigarrillo colocado entre sus dos finos dedos me ha dejado descolocado, mareandome con el humo que desprende (o con el brillo que desprende ella). Mira fijamente el escenario donde una afroamericana canta canciones de amor con una voz tenor que hace vibrar la sala. Los clientes del café se pasean con sus trajes luciendo estilo (y dinero).
Ella lleva un vestido de color granate con alguna transparencia en la zona de la espalda y unos tacones negros. Sus cabellos, recogidos en un precioso moño hecho con trenzas (de muchas horas), son de oro. Y sus labios son de diamante, volviendo loco a quien los mire durante demasiado tiempo.
Me mira. Se acaba de terminar el cigarro. Trago saliva. ¿Qué digo?
Ahora suena una canción suave cantada por una hermosa voz. Le devuelvo la mirada y le tiendo la mano.

Nos dirigimos al centro de la sala y sujeto su cintura con la mano izquierda mientras entrelazo los dedos de la derecha con los suyos. ¿Qué más dará que ella sea de oro y yo, de cobre si sus labios pueden rozar los míos?
Fuera todo.
Fuera todos.
Sólo tú y yo.
Sólo nosotros.

Para ti

Siempre pensaba
que las historias de amor de las películas
no eran más que un truco de Hollywood
para mantenernos delante de la televisión.
Puede que no todo sea mentira.
Creía que el amor a primera vista
no existía,
que eso de que dos personas se enamoren de un día para otro
era una pantomima
y que la mayoría de cartas
acababan tiradas
en el fondo del contenedor.
Y ya ves.
Es imposible querer a alguien
en tan pocos días
y no me lo creo
porque no puedo creerlo,
porque es inverosímil.
Y porque no.
Porque yo nunca he sido de tener buena suerte en el amor
y supongo que de tantos llantos
una se acostumbra al dolor.
Decía que todos se fueran a la mierda
con eso de san valentín,
que yo ya estaba harta
de tener que repetir
que existen las relaciones
en las que se susurran "siempre"
y no llegan ni a los dos días.
Que sí, que digan lo que quieran,
pero yo sé que todo es sexo
en la mayoría.
Aunque nosotros seamos la excepción.
Los latidos del que late nunca llegaron
a tal velocidad,
y la felicidad
nunca alcanzó tal dimensión.
Me he tirado por la ventana
tantas veces
que acabé teniendo vértigo
a las alturas.
Pero es que tienes unas vistas espectaculares.
No puede ser.
Las flores como yo nunca llegan
a crecer en la copa del árbol,
y no sé si es porque el tronco es más llano
o porque la savia es más dulce,
pero he conseguido escalarlo.
No, es imposible.
El barco de vela nunca puede cruzar el Pacífico
y menos si la velera es una drogadicta al mar,
el cual le ha tratado de ahogar mil veces más.
Pero, al fin y al cabo,
a Colón le dijeron
que lo suyo era imposible
y, ya ves,
uno de los dos
ha logrado hacer un descubrimiento.
Me estoy planteando
ser yo.

Un camino sin salida

Intentamos orientarnos
tratando de encontrarnos
en tus ojos
y no nos damos cuenta
que vamos a perdernos
en tu mirada.

No me importa.
Mírame.
Hazme saber que se puede
hallar un camino
sin salida
en tu cuerpo.

Me he quedado atrapada
entre tus piernas
y las curvas de tus caderas
que, aún siendo hombre,
tienes más curvas
que la autopista de Alicante
y una espalda tan alta
(y ancha)
que ningún loco
ha conseguido escalarla.

Déjame escalar tus piernas,
tu cintura
y tus caderas,
aunque me caiga
por el precipicio de tus labios.
Porque que más dará
si me salvan tus besos.

Si, a pesar de todo,
la caída
va a ser tan suave
como tu almohada.
Al fin y al cabo,
voy a caer en tu cama.

Déjame ser tuya
o hazme sentir
como tal;
sin más enredos
que el de mi cabello.

Estoy ciega
de tanto mirarte a los ojos.

Creo que me voy a tirar
por el balcón
de tus labios.

Voy a pintarte
Las Meninas
a lo largo de tu cuello
con besos.

Me pierdo en las caricias
y en el roce de tu cuerpo
contra el mío
en este colchón
ya no tan vacío.

Voy a tumbarme encima tuya
o de tu espalda desnuda
y a susurrarte
que si hoy muriera
preferiría morir aquí contigo
antes que seguir viviendo allá sin ti.

Dime que me quieres
y te haré resucitar
mil veces más
de lo normal.
Dime que me amas,
y te entregaré
el cuerpo

y el alma.

Hazme

Cuéntamelo.
Hazme saber tus penas,
las cosas que te rondan por la cabeza
o por el corazón.

Hazme entender las lágrimas,
las horas pasadas sin sonrisas
y las cosas ocurridas sin razón.

Hazme comprender la razón.
Hazme fuego
y hazme mar,
hazme horizonte.

Hazme diferente
y hazme como todos los demás
locos que buscan expresar amor
con una simple poesía.

Hazme filosofía.
Hazme concreta
y hazme perder la conciencia.
Hazme Sol
y hazme Luna.

Hazme como ninguna.
Hazme lejos,
y siénteme cerca.
Hazme a oscuras
y con ganas.

Hazme volar.
Hazme sentir.
Hazme amar.
Hazme algo que creíamos eterno,
y que aún lo creemos.

Hazme única
y normal.
Hazme amante.
Hazme sin collares.
Y hazme desnuda.

Hazme bailar.
Hazme con apetito.
Hazme sin rimas.
Y hazme con vida.

Hazme descalza
y sin falda.
Hazme cerrada
y contigo
hazme abierta.

Hazme pincel
y hazme dibujo,
hazme blanco y negro
o hazme de colores.
Pero, hazme.

Hazme tuya
y de nadie más.
Hazme despierta
y dormida a la vez.
Hazme el amor.




Deshazme.

La caperucita y el lobo feroz

Creo que se te puede llamar mago,
si te introduces en mi mente
cada vez que algo hago.

Este bolígrafo tiene en la tinta
un poco de brillo,
como tu sonrisa;
y un poco de intenso,
como tu carisma.

No sé si los pájaros cantan
por naturaleza
o porque tú has pasado
delante de ellos.

Dime una frase
que, con tal de salir de tus labios,
versos te hago,
o besos,
lo que tu prefieras.
Pero nada que vaya conmigo
lo vas a preferir,
mientras que yo lo prefiero todo
si en ello tu nombre oigo.

Eres el lobo
que se mete por mi piel
hasta llegar al corazón
sin bocados ni nada;
sin trampas
ni adivinanzas.

Y yo sigo siendo Caperucita
que pide a gritos
que le quites la maldita caperuza
y los collares
y los tacones
para llevarla a bailar
y, luego,
a ver el mar
y hacerle sentir mar
con océano a su lado.

Después, meterla en la cama,
que seguro que de ahí no se escapa,
porque el mar nunca supo
huir del océano
y menos si éste
le impide tener frío
en invierno.

Caperucita ha enterrado su caperuza
y se ha puesto rímel
y un poco de color en los labios
porque sabe que el lobo
se lo va a quitar
con un besazo.

Así que, aquí estamos,
quítame los prejuicios
con un bocado
que yo te voy a quitar
la tristeza
con una poesía
hecha por mis manos
y escrita en tu espalda
para que se te quede la marca.

Pasa a limpio tus sueños

Vale. Hagamosle caso.
Vamos a pasar a limpio nuestros sueños.
Pero es que todos mis sueños,
llevan tu nombre
porque, hace mucho,
tus labios
se me quedaron
incrustados
en el corazón.

Los sueños
son mis pesadillas,
ya que un sueño
si es sueño
realidad no es.

Tengo una gran lista
de verbos
acabados en -te:
besarte,
cuidarte,
abrazarte,
comprenderte,
amarte.

Después de todo,
mi diccionario eres tú,
que embarcas
versos en tus labios
y poesía en tus manos.
Seamos sinceros,
la poesía y tú
habéis entrado
por la misma puerta
del mismo corazón
y parecéis no marcharos
nunca de mi mente.

Sigamos pensando
en la escritura,
aunque a mí
siempre me gustó gritar(te)
que menos versos
y más besos;
sobre todo porque una cosa
enlaza a la otra.

Pero sigamos
por donde andábamos.
Ah, sí, los sueños.
Tengo pocos sueños,
más bien pesadillas,
un poco de insomnio
y una poesía.
Un café caliente
y unas cuantas hojas.
Y tú a mi izquierda.

Sí, creo que ése es mi sueño.
O un par de labios
que me salven de las rimas
o un par de manos
que me salven de esta vida.
Que me abracen,
que me quieran,
que me hablen y que me sostengan.

Porque creo que esta noche
me voy a caer
de sueño(s).
A ver si mañana
paso a limpio
uno de ellos.

domingo, 21 de febrero de 2016

Vamos a gritar.

Me he recogido el pelo
para ir a buscarte,
sabiendo que me ibas a buscar,
que me ibas a despeinar
y, al fin y al cabo,
que me ibas a amar.

Tengo tantas cosas que decir
que no digo nada.
Para que las palabras no se pisen,
sino que me pises tú
con tu poca arritmia
(y la mía,
valga la redundancia)
mientras la canción suena;
mientras todos bailan.

Teníamos tantas ganas
de perder
la conciencia,
que lo perdimos todo
salvo ella.

Aunque yo me siento un poco perdida
cuando estoy sin ti.
Aunque me pierdo bastante
cuando estoy junto a tu cuerpo desnudo.

Me has susurrado
cosas que deberíamos gritar,
y hemos gritado
cosas que deberíamos callar.

El corazón me dice
que grite a los seis vientos
- y no cuatro -
que la única verdad
de este mundo
es que eres la perfecta
sintonía
con la que me quiero despertar
cada día.

Que la Tierra me escuche
si le da la gana,
y sino
que lo hago también
porque voy a gritar tan fuerte
que la vida
es más bonita contigo
que sin ti
que el mundo va a temblar
ante nuestros pies,
tanto como yo tiemblo
ante tus ojos.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Las drogas son malas y más si saben a ti

Ya me ves.
Ya te ves.
Ya nos ves.

Al fin, lo comprendes.
Nos habíamos introducido
en la toxicidad propia
de estas relaciones
y yo me había perdido ya
sintiendo que te había perdido ya.

Me has visto
y te has dado cuenta
de lo ocurrido,
de que nos estábamos alejando
por mantenernos más cercanos.

Las ojeras lo dicen todo.
He soñado tanto contigo
que me he olvidado de dormir
a tu lado.

He pensado tanto en ti,
que el reloj ha marcado la hora
y todavía no estoy lista
para marcharme de casa.

Se nos están derritiendo los relojes
y el tiempo ya no pasa, corre;
y no espera a nadie,
y todos le esperamos a él.

Maldita sea.
Hemos perdido tantas horas
creyendo estar en la dirección correcta
que ni siquiera vamos a conseguir acabar
la carrera.

Y es que mi dirección no eres tú
ni aunque lo quiera
ni aunque lo pueda.
No eres tú.

No eres tú
porque yo no soy yo
si estoy contigo.

Creo que voy a desintoxicarme
de ti
porque las drogas son malas
y estoy empezando a creérmelo.

martes, 9 de febrero de 2016

Perdón, Paula

Tengo miedo de separarme de ti,
y de tus continuas bromas.
Porque sin ti, no soy nada.
Porque sin ti, no soy yo.

Dejemos por un instante la poesía. Voy a ser clara.
Perdón. Es como si me hubiese introducido en el túnel de mis miedos
y ahí está el sentimiento de culpabilidad, flotando por encima de todos. Perdón por todo. Por las cosas hechas y por las que, conociendo mi expediente, haré. Por los errores cometidos (no hace falta decirlos, tú ya los conoces). Por el pasado. Sobre todo, por el pasado. ¿Cómo decirlo? La culpa me estaba matando. Contigo empieza todo y acaba todo sin ti.
Perdón. Por el malhumor, las bromas pesadas y los chistes sin gracia.
Y gracias. Gracias por estar conmigo a pesar de todo(s). Gracias por las risas, los abrazos, el cariño, el afecto, la comprensión y el amor. Por ti. Porque yo siempre fui el tsunami que aparecía en el tranquilo mar. Y ya no sé como ordenar mi desorden. Pero, gracias a ti, he podido encontrar un hueco para guardar todos los errores.
La vida siempre me enseñó que los que de verdad valen son los que, a pesar de todo, siguen a mi lado. Creo que tú estás en lo alto de la lista y dime tú que eso no es un privilegio.

Como ya dije una vez:
Tengo miedo
porque no he encontrado agujero
más grande que el que quedaría
si te fueras
de mi vida.

Te quiero a más no poder.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Los huracanes que guardo dentro

Quiero dejar de creer
en la inevitable creencia
del ser o no ser,
porque eso significa
que no soy tuya,
aunque me sienta como tal.

Las palabras se pisan unas a otras
cuando me dirijo a tus ojos
porque soy más tuya
de lo que lo he sido con las demás personas
y tú eres menos mío
que los diamantes
que puedo observar desde el escaparate.
Está bien saber
que hay cosas que nunca dejan de brillar
como tu sonrisa
y de hablar
como tus ojos.
Y es que parece que tus manos me han vuelto a llamar,
y yo ya no sé si controlo mi cuerpo
o si mi cuerpo lo controlas tú.

Se me ha inundado otra vez el corazón
del mar azul de tus ojos
y me he vuelto ahogar
porque los gritos siguen siendo igual de sordos
que mis múltiples socorros
para que me salven tus labios.

Ya dejé de susurrar
mucho tiempo atrás
porque sé que sino lo hago no me escuchas,
que si no grito no me atiendes.
Podría disparar cohetes por ti
que tú ni te inmutarías.

He salido demasiadas veces a buscarte
y me he perdido en el roce de tu cuerpo
que tú ni notabas.
Me he salido de los problemas de siempre
mirando tu mirada,
observando tus dedos finos
recorrer mi espalda.

Pero la brisa sigue azotando tu ventana
que sigue sin abrirse.
Soy yo, que te estoy gritando que te quiero
y que lo nuestro no está muerto,
porque nunca antes ha nacido,
aunque yo lo haya sentido.
Eres tú, que tienes miedo de los huracanes
y todavía no te has dado cuenta
que el único huracán que hay es el de  mi corazón
que de tanto dolor ha terminado formando vendavales.

Me he escondido para que tus labios no me encuentren

Está bien, volvamos a empezar.
Pero volver a empezar contigo
es como darle tres vueltas a la rotonda:
la segunda ya es inútil.
Dime algo y yo te perdono;
dime lo que sea y te beso.
Así son nuestros días.
Hemos vuelto a caer en la rutina,
pero la cama sigue siendo igual de fría
aunque durmamos los dos.

Me he escondido
para que tus labios no me encuentren
porque ahora cuando te beso
siento agujas pinchándome en el estómago
y no mariposas.

Ya no sé darle otra vuelta a la rotonda
porque me he quedado sin energías
y tus ojos ya no me inspiran como antes.
Ahora veo tus defectos más de cerca
y tus virtudes más de lejos,
aunque siempre fue al revés.
La cercanía era lo que nos unía
y el calor lo que nos mantenía.
Pero ahora necesito olvidarme un poco de ti
porque lo único que siento ya es frío cuando nos juntamos.
Creo que se nos está congelando el corazón
de tanto helarlo.

Los abrazos no me dan nada y ya sólo quiero alejarme paso a paso de ti
y de tus mentiras
y alguna que otra estupidez
que nos mantenía.
Al fin y al cabo, todo era mentira,
¿no?
Sí, claro que lo era.
No necesito que me lo niegues más.
El rincón de la casa que nadie pisaba
es ahora mi lugar favorito
porque sé que tú no estás ahí.

Y estoy empezando a querer
dormir en el suelo
que está menos duro
que tu corazón.

No sé que decirte,
últimamente se me acumulan las palabras en la entrada
y no llegan al salón.
O al menos, todas juntas no.
No sé como expresarlo,
nada me sale de corrido
desde que mis lágrimas
aparecieron en mis ojos
y parecen no irse nunca.

La voz sigue siendo igual de ronca
y las manos me tiemblan como siempre
por miedo o por decepción
o porque tú siempre supiste
mentir cuando te apetecía
y hacerme tuya cuando querías.

Y es que el frío ha envuelto esta casa
en la que el calor se mantenía tan cerca
como tu corazón.
Ahora creo que los dos se han marchado
y me parece a mí que yo seré la próxima
que tenga que decir adiós.

Nada. Ése es su destino.

Tengo miedo.
Me miro y sólo veo
a una niña
descalza, frágil, perdida
en Dios sabe dónde.
Es como si la luz se estuviese apagando
y no encontrara el destino que anteriormente
había sido iluminado.
Como si sus ojos se estuviesen cegando.
Como si el miedo la estuviera desorientando.
Y es que así es.
El camino es ahora más oscuro,
y no sabe donde está la izquierda y la derecha,
el Norte y el Sur,
la nada y la luz.

Nada.
Ése es su destino.
¿Cuántas veces habremos hablado
del correcto camino
que tú y yo cruzamos?
Pero yo ya no sé cuál es el camino.
No veo ninguna dirección en el mapa
y he perdido la razón de ver
porque no soy nada
y nada es lo que voy a ser.

Y es que yo ya no miro el camino
porque todas las flechas me indican lo mismo
y, a la vez, la nada
porque todos llegamos a lo mismo.
Porque en vez de andar, corremos,
sin mucho uso de la razón y la conciencia,
y porque, ¿cómo voy a ver la luz
si toda luz me ilumina el mismo destino?
El destino de la nada,
de perder totalmente la luz,
de caer en la oscuridad
como siempre.
Pero, esta vez, también para siempre.

Cayéndose por ti

Sí, vale,
todo va bien,
¿qué quieres que te cuente
si la verdad
es que ya me he tirado
demasiadas veces
por el acantilado?
Estoy harta de tantos labios
que piden besos
y de tantas palabras
que piden ser cortadas.
Me siento como aquellas personas
que desean
vivir al límite;
ya me he tirado
de cabeza
unas cuantas veces
por culpa
de tus embriagadores ojos.
Cualquier mago que te viera,
renunciaría a la magia.
Tú eres magia
y lo demás no es nada.

No conozco la palabra cordura
desde que te vi.
Y se me ha olvidado lo qué es la lógica
porque continúo
buscando
tus labios,
tus ojos,
tus manos
allá dónde vayamos.
Perdón,
dónde vaya.
Me he acostumbrado
al plural,
al tú y yo,
al nosotros.

Y a las repeticiones al escribir.
Tal vez sea porque, cuando estoy contigo,
no sé decir nada con claridad
y me repito
y me repito
y me repito.

Me has vuelto a mirar,
y has hecho de mi corazón
una rueda giratoria.
Ni vuelcos ni nada,
terremotos.

Creo que otra vez
me voy a caer
por el precipicio
de la vida,
o de tus besos.

A tu lado

De las miles de maneras
que tienen de hacerme sonreír,
la tuya
sin duda alguna
es mi favorita.
Me haces sentir más tuya
que mía.

Siempre fuiste el azúcar del café
o la flor que crece entre las malas hierbas.
Hiciste que la peor canción sonara bien.
Nunca me gustó el chocolate con pan
o los mantecados,
porque no llegan a la altura
de tu dulzura.
Fuiste... ¿O debería decir eres?

No lo sé. Me he perdido tantas veces
intentando ponerle nombre a lo nuestro.
Me has llamado y he temblado,
he oído tu nombre y mi cabeza ha dado miles de vueltas,
aunque no tantas como las que ha dado
mi corazón.
Estoy segura que la guerra se acabaría si todos contemplaran el marrón intenso
de tus ojos
y las arrugas que se te forman al sonreír.
Y puedo asegurarte que tú y tus zapatos no podéis recorreros la calle
sin que alguien se fije en vosotros.

Está bien.
Debería dejar de pensar en tus labios.
Pero es que me has provocado tanta paz
que ha acabado estallando una guerra dentro de mí.
La mente le dio un golpe de estado al corazón
y, ya ves,
al final sólo hicimos caso al corazón
aunque la mente llevara la razón.

Nos hablaron del todo y de la nada
y yo pensé en nosotros.
Porque lo nuestro lo es todo,
y nació siendo nada.
Porque yo soy nada
y tú lo eres todo.

Me he rendido muchas veces ante la poesía
porque no alcanzaba a describir tu mirada
y es que una imagen dice más que mil palabras.

Me estoy desorientando del tema.
El tema eres tú
y yo estoy pasando el examen
de prueba.
Me has dejado aprobar por los pelos,
pero he suspendido con notas bajas
que no llegaban ni al tres y medio.
A pesar de todo, mi medio
para aprobar
fueron tus ojos
y mi consuelo,
tus besos.

Así que, por favor,
apruébame
porque sé decirte cada uno de los lunares
que se esconden en tu piel
y sé contarte cada uno de los besos
que guardas bajo la carne.
Así que, apruébame,
porque quiero sacarme el doctorado
de tus labios
y luego trabajar en la fosa oscura de tus recuerdos.
Así que, apruébame,
porque quiero pasar el examen
para luego pasar una vida a tu vera,
a tu derecha,
a tu izquierda,
a dónde tú quieras.
Pero siempre que sea
a tu lado.

lunes, 1 de febrero de 2016

Unos cuantos paréntesis sólo para ti

Hoy he estado estudiando(te)
y mirando(te)
y suspirando(te)
por qué es tan
larga la vida
y tan corto el amor.

He sentido rabia
por nada en concreto
(por ti);
y he estado pensando(te)
que si de verdad
me queda mucha vida
por vivir prefiero vivirla
sola (aunque
me moría por ti).

Me he dado cuenta
que los con(ti)nentes
estuvieron hechos
para dividir a las personas,
pero hay cosas que no
pueden separar(nos).

Me he caído en el precipicio
de mis recuerdos
(a pesar de todo,
también tuyos)
y pienso en lo que
no pude alcanzar(te).

Continúo aquí,
viendo(te) la vida
pasar,
sin hacer nada
porque nada es lo que
tengo ahora.

No tengo ganas de
Lengua, ni de Inglés,
ni tan siquiera de Mates;
lo que más me gusta
es escribir(te).

Por favor,
olvida los paréntesis,
nadie los lee,
sólo son suspiros,
¿quién oye
mis suspiros?