martes, 5 de enero de 2016

Posiblemente un Sol.

Cuando, entre la multitud, el ruido y la profesora
no podíamos hablar,
nuestras miradas se cruzaban
como si sólo con una mirada
nos bastara para decírnoslo todo
(sin decirnos nada).

Yo me fijaba en aquel lunar dibujado
(como si de un dibujo se tratara)
en el labio inferior que tanto odiaba;
quizás sólo lo odiaba
por el mero hecho
de parecerse a aquel
personaje del libro italiano
de Miriam Dubini.

Ella me sonreía tras haberse dado cuenta
de mis continuas observaciones.
Yo sabía que esa sonrisa era la misma
que utilizaban las modelos al posar;
una sonrisa algo falsa hecha para
satisfacer los ojos de quien la
estuviera mirando. Una sonrisa
que escondía su miedo
a lo que la gente pensara porque,
según me contó una fría y triste tarde
temía mirar con desgana a la gente
y, por ello, caerles mal.
Y yo le había contestado que,
si de verdad tenían buena vista,
ya podía ponerles la cara que quisiera
que seguiría siendo igual de bella para ellos
como lo era para mí.

Sus ojos no eran menos que su sonrisa
y su lunar (odioso para ella; encantador para mí).
Tenían una maravillosa mezcla
entre el verde esmeralda
y el marrón de la madera
del pupitre situado delante mía.
Expresaban una interesante forma
de captar la luz.
Cuando el Sol brillaba
y el día era apetecible
para salir de casa,
sus ojos se volvían
verdes y alegres;
cuando la lluvia otoñal
mojaba las ventanas
y refrescaba el ambiente,
aparecía en ellos
un marrón tan intenso
que parecía iluminar el
oscuro cielo grisáceo.

Otro detalle que soy incapaz
de no nombrar
son sus cabellos dorados
que recorrían un camino recto y perfecto
alrededor de su fina cara
hasta llegar al final, donde
se producían unas pequeñas
ondulaciones que afirmaban
el hecho de que nada de su vida
y de su cuerpo
iba a ser perfectamente recto
porque ella no era así,
ni mucho menos.

Tal era la belleza de su rostro
y de su alma
que, mirara a donde mirara,
mis ojos
siempre iban a cruzarse
con los suyos
como si no soportaran la idea
de dejar de contemplar la luz
que ella - posiblemente un Sol -
resplandecía.


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