domingo, 31 de enero de 2016

Más perros con chaqueta y corbata

Se mantiene en el mismo lugar,
mirando hacia Dios sabe dónde.
Ahora mismo, tiene rostro de persona.
Es como si estuviese pensando
en algo,
reflexionando.

La tinta negra de la pluma corre por el papel
que no llega ni a la blancura
del perro que tengo delante.
Nevado se llama,
"¡qué buen nombre!" suelen decir.

La nariz es como un botón negro
en una camisa de Pedro Sánchez
y los bigotes son como
la barba de Mariano Rajoy.
No sé si es porque mi perro es tan persona como todos ésos.

La luz entra por la ventana
desde la que Nevado observa el paisaje.
No lo desmiento,
es precioso.
El verde inunda el jardín
y las flores amarillas lo decoran.

Entonces, observo como mi perro
se da la vuelta
y me mira con esos ojos de persona
y esa expresión tan humana...

Y yo entiendo todo lo que dice.
Que le dejen ser humano,
como le dejaron a todos aquellos
que son más perros que él.

Que le escuchen de vez en cuando,
que tiene cosas importantes que decir,
que quiere hablar de la vida
y de toda la filosofía.

Que le dejen ser humano,
nada más.

No te preocupes, Nevado,
que digan lo que quieran,
nosotros dos sabemos
que hay más perros
con chaqueta y corbata
y más personas
con pelo y patas
en este mundo.

Así que, no te disguste, Nevado
que tú y yo sabemos
que en esta vida
no es más perro
el que anda con las cuatro patas
sino el que anda con sólo dos
y mirando por encima de los cuatros hombros
que se ha dibujado por no tener sólo dos.

Dejemosles,
que más dará ellos
si a ti te llaman perro
es que no se han mirado al espejo.

Insomnio, recuerdos y tú

Vale, me estoy quedando dormida.
Los ojos se me están cerrando
y mi mejilla tiene ganas de acariciar la almohada,
pero es que sigo despierta por ti
y tus virtudes para convertirte en insomnio
en las noches frías.
La inspiración me llega al pensar en tus ojos,
y quiero descubrir cada uno de los lunares de tu espalda
y alguna que otra mancha de nacimiento.

Los besos me pesan en el fondo de mi corazón;
sigo llevando una mochila llena de recuerdos y estoy empezando a pensar que mi esfuerzo está siendo nulo.

Ya es hora de olvidar tantos labios,
pero tu mirada me los recuerda.
Estoy llena.
Sólo tengo hambre de ti.
Y no apetito.
Me estoy muriendo de ganas de comerte a besos
y sé que está mal.

Me olvidé de ti, ¿sabes?
Pensé en lo inevitable,
en que no sentías nada por mí.
Llevaba la mochila, es verdad,
pero los recuerdos iban al fondo de ella
para no acordarme de ellos.
Has vuelto a aparecer (aunque nunca te fuiste)
y me has hecho renunciar a mis principios
(como si tuviese alguno; yo siempre fui de orgullo bajo).
Me has hecho feliz en parte
y triste en la otra
porque soy yo ahora la que tengo que elegir
entre tus besos y el no sufrir.
Y te aseguro que es la discusión más complicada que han tenido mi corazón
y mi cerebro.

No sé por qué lo digo,
pero estoy otra vez en la cama
con parte de mi piel destapada
notando el roce de las sábanas;
y ningún roce es mejor que el de tu cuerpo.

Voy a beber un poco, porque mis labios siguen sabiendo a ti

Estoy demasiado cansada,
y tengo el estómago lleno de palabras
que necesito vomitar en este folio en blanco.
Siento un gran mareo por todo lo que estoy haciendo,
y me estoy desorientando porque mi único destino eran tus labios correspondidos
y ahora sé que lo único que quieres es placer; no más.

Sé que no está bien,
conozco tus intenciones,
pero me he tirado al mar tantas veces
por el marrón intenso de las rocas que se hallaban abajo
que ya no sé diferenciar entre locura y amor,
entre lo correcto y tú.

Soy gilipollas porque lo pensé mucho,
y lo quise aún más
y ahora que lo tengo en mis manos
me echo hacia atrás.
Pero es que todo me da miedo si lleva tu nombre,
porque sigues siendo el terremoto que me va a destrozar el corazón
y yo sigo siendo el suelo desquebrajado
que va a acabar roto.

No sé como lo voy a superar.
Sé que después del placer,
llega la tormenta;
el amor nunca me lo ha puesto muy fácil
y por ello conozco los trucos que guarda(s) bajo la manga.
Cuando todo esto ocurra,
tú pasarás de mí porque sólo he sido usada y tirada
y yo me introduciré en tus labios otra vez porque yo, como siempre, no te he usado;
te he querido.

Lo admito.
Voy a beber un poco,
porque mis labios
siguen sabiendo a ti.
Y tal vez a fumar,
porque tu olor
se ha quedado impregnado en mi ropa
y prefiero el tabaco
que me da menos adicción que tú
y tu espalda desnuda.

domingo, 10 de enero de 2016

Poema para Blanca

Tú nunca fuiste
de normas
ni de convencionalismos
ni de ser
como los demás
quieren que
seas.
Pero,
sinceramente,
a mí
me encantas
tal como eres.

Hiciste
que los viernes 13
no tuviese
mala suerte,
porque
mi suerte
eres tú;
y destruiste
al gato negro,
al paraguas abierto,
al cristal roto,
al derrame de sal.

Fuiste
a todas las manifestaciones,
sin quedarte
en el sofá
un domingo
por la mañana.

Cambiaste
mi manera
de ver el mundo
y abriste
mis ojos miel,
que anteriormente
estuvieron
tan cerrados
como la tele quería.

Fuiste
la brújula
de Phileas Fogg,
aunque tú
siempre supiste
dar la vuelta al mundo
en cincuenta,
y no ochenta,
días.

Fuiste el ''sí, quiero''
de la libertad
o de la primera
boda homosexual.
Fuiste el primer
voto de la mujer.

Fuiste todos los poemas
de amor
de Góngora,
y dejaste
boquiabierto
a Quevedo.

Fuiste
la bondad
de Gandhi,
la inteligencia
de Marie Curie
y el espíritu
luchador
de Clara
Campoamor.

Fuiste
la tinta
de mis escritos.

Fuiste
una rosa
blanca.
Blanca
porque siempre fue
más bonito
el blanco
que el negro;
aunque pienses
lo contrario.

Vivir.

Mi hermano dice
que soy una vieja;
eso significa
que viviré menos,
¿no?
Pues para vivir
poco,
mejor vivir
bien.

Vivir.
Reír 
hasta que te duela 
la barriga 
y llorar 
hasta que se te agoten 
las lágrimas.
Abrazar 
a los que te cuidan, 
cuidar 
a los que te abrazan.
Besar 
al amor de tu vida; 
equivocarse.
Volar alto 
y caer, 
pero siempre 
soñar.
Soñar 
y tratar 
de cumplir tus sueños.
Amar 
sin miedo al dolor.
Perder, 
ganar, 
sonreír a tus enemigos.
Caer 
y levantarse 
con una sonrisa de triunfo.
Cantar 
y saber bailar 
bajo la lluvia.
No tener vergüenza 
y que no te importe 
lo que piensen los demás.
Quererse a sí mismo 
y querer a los que te rodean.
Perdonar 
y saber pedir perdón.
Arriesgarse 
por lo que uno quiere.
Cerrar 
los ojos al besarle 
y echar de menos 
sus besos.
No arrepentirse 
por lo que hiciste.
Seguir adelante 
y, sobre todo, 
vivir.

viernes, 8 de enero de 2016

Violencia de género I

He vuelto a caer
en los recuerdos
que me dañan por dentro
que escondo
porque tengo miedo
de revelarlos.

Lo cierto es que
las cosas cambiaron,
siempre se suele decir eso,
¿no es así?
Pero esto no fue cambiar
las muñecas por los bolsos.
Esto fue algo de verdad.
Un día todo cambió.
Me pegó.
Y grité, pero nadie me escuchó.
Desde aquel momento,
me daba cuenta
todas las mañanas
que estaba durmiendo
con la razón de mis pesadillas.

El Sol

Eres el Sol
que ilumina
los días grises,
que da calor,
que invade de luz
las tardes de verano,
que cada noche cae
despidiéndose
con un elegante
y majestuoso
cielo lleno de
colores intensos.
Todo el mundo
espera ansioso
a que aparezca
el Sol,
y yo no soy menos.
Pero, últimamente,
espero y desespero;
quizás la poca
esperanza que albergaba
se ha ido destruyendo.
La gente quiere
ser como el Sol;
quiere iluminar
los días grises,
dar calor,
invadir de luz
las tardes de verano,
despedirse
cada noche
con un elegante
y majestuoso
cielo lleno de
colores intensos.
Pero,
yo no quiero ser
como el Sol,
como tú,
solo quiero
despertarme
con un poco más
de luz.

Sin los versos correctos ni las palabras adecuadas

Me he vuelto a quedar
sin hojas
para escribir
lo mucho
que me gustas
porque lo noto,
lo noto cuando
te acercas,
me miras
y dices
alguna tontería
que me hace reír,
llorar,
pero al fin y al cabo,
sentir.
Porque tú me haces sentir.
Y no sentir
como siento
cuando lloro
por alguna película triste
o algún libro dramático.
Ni siquiera cuando oigo
la risa de un niño
a mi derecha,
inocente,
cariñoso
y lo más importante
feliz.
Nada de eso.
Tú me haces sentir más.
Porque contigo no sé
expresar lo que siento,
porque ni yo misma lo sé.
Y me pierdo,
me desoriento
porque no alcanzo
a escribir las palabras
adecuadas,
los versos correctos,
las estrofas claras.
Porque lo siento
no es ni adecuado
ni correcto
ni claro.
Ni siquiera me gusta
la palabra amor,
ya que es sólo una palabra
y yo quiero expresarlo
en miles de hojas,
poemas
e incluso libros.
Tal vez una enciclopedia
sólo para ti.
Pero no tengo suficiente papel
ni tinta
para poder ser clara,
sin dejar atrás la elegancia
de las palabras.
Se me acaba el papel
y todavía no sé
qué es lo que siento
porque me has desorientado
con tus continuas bromas,
tu olor, tu risa
y ante todo
tu mirada.

Tus labios

Me tropecé con tus ojos,
quizás mañana
me tropiece
también
con tus labios.
Y te quedaste
mirándome,
haciéndome
albergar
alguna esperanza
de las pocas
que quedan ya.

Eres como la luna,
que todas las noches
aparece
y parece estar tan cerca,
pero en realidad
está tan lejos...
Todo el mundo
quiere llegar a ella,
o al menos tocarla.
Nadie lo consigue.
Solo una vez
pudieron llegar
y pisarla.
Pero yo no quiero pisarte
como los demás;
tan sólo besarte.

Decía Góngora
"Porque aquel ángel fieramente humano
no crea mi dolor, y así es mi fruto
llorar sin premio y suspirar en vano".

Se nota que no eres de letras,
pero yo tampoco fui mucho de letras,
excepto las de tu nombre;
ni de números,
salvo la fecha en la que te conocí;
ni de muchos labios,
porque los únicos
que me interesaban
siempre
fueron los tuyos.

Y así es mi fruto
llorar sin premio,
y suspirar en vano.

jueves, 7 de enero de 2016

De mi magullado corazón.

Me sonríes.
Como si fueras
un ángel caído
del cielo,
pero para mí
siempre fuiste
un infierno.
¿Qué decir
de tus mentiras?
No hay más
que contar.
Todos los días,
caminando por
los pasillos
con esa sonrisa
estúpida
atrayendo
a personas estúpidas,
tan estúpidas
como él.
Y ya basta, ¿no?
De seguir riendo
con esa risa falsa,
creyendo que
el mundo
anda a tus pies.
Cuando tú,
querida mía,
andas
a los pies
del mundo.
Volviste a acercarte
y a atreverte
a mirarme
a los ojos
cuando sabías
que, después de todo,
lo único que podías
hacer era ser sincera
conmigo y pedir
perdón.
Sin embargo,
tú nunca fuiste así,
porque eso no va contigo;
tú necesitas que la gente
se arrodille ante ti
en vez de arrodillarte tú
ante ellos.
Pero, seamos claros,
pasas más tiempo
de rodillas
que de pie.
Y sí, soy cruel
ante esta afirmación,
pero para ser justos,
no ha salido de mi boca;

ha salido de mi corazón.
De mi magullado,
maltratado,
dañado,
golpeado
corazón.

miércoles, 6 de enero de 2016

Perdiéndote, perdiéndome.

Me voy perdiendo
en otras bocas,
tratando de encontrar
el sabor de tus besos,
el calor de tus abrazos.
Intentando hallar
la misma sensación
de euforia
que tenía cuando
hacíamos el amor.
Pero el sexo
ya no es lo mismo
sin ti.

Sigo poniéndome
tu sudadera
cada mañana
al despertar,
ya sea sola
o con alguien.
Normalmente,
ese alguien
me pregunta
de quién es
esa sudadera
y yo suelo mentir
nombrando
a cualquiera que él
desconozca.
Pero es tuya,
porque sigue
oliendo a ti.

Noto el calor
recorrer mi cuerpo
cuando me la pongo,
como si tu alma
me estuviese abrazando.
Sin embargo,
a pesar de ello,
sigo teniendo frío.
Desconozco
el motivo,
pero probablemente
seas tú
y tu insoportable
ausencia.

Cuando se marcha
ese alguien
cuyo nombre
desconozco,
me sirvo una copa
de Whisky,
me siento en el sofá
y, en silencio,
lloro
porque otra vez
de las muchas tantas
pasadas
estos últimos meses,
he echado a perder
una noche.
No te he encontrado
ni en sus besos,
ni en el sexo,
ni en el final 
de esta botella
de Whisky,
ni en el último
cigarro
que me queda.

No te he encontrado
porque te has ido,
porque me has abandonado,
perdiéndote
en Dios sabe dónde,
y lo peor de todo
es que me has hecho
perderme a mí.

Vuelvo a perdonarte

Vuelves y te marchas
como te da la gana
y no de mente,
(¡ójala sólo fuera
de mi mente!),
también de mi vida.
Me vuelves loca.
Confundes mis sentimientos
y lo peor de todo:
me haces perderme
por el camino,
sí, de la soledad,
pero un camino
al fin y al cabo.

Me pides perdón
y yo me hago la tonta,
cuando en el fondo
me muero
por perdonarte,
por besarte,
por amarte
y ¡maldita sea!
también
por tenerte.
La rueda sigue
como siempre.
Me haces daño,
lloro,
sufro
y, finalmente,
olvido.

Entonces,
vuelves
y me cuentas
lo imbécil que has sido
como si lo sintieras,
como si no lo supieras
desde el principio.
Y dudo,
dudo tan sólo un instante,
tan pequeño,
breve e
insignificante
como mi corazón
lo es para ti.
Y vuelvo a perdonarte.

martes, 5 de enero de 2016

(Des)apareces

Se acercan los reyes
y la ilusión aparece
en las caras de los niños
que esperan, impacientes,
sus regalos.

Y yo... Yo sigo aquí
deseando que llegue
el día de mañana
para poder agradecer
a mis padres,
a mi familia,
a mis amigos
y a todos los que me rodean
cada uno de los regalos
que se escondan
debajo del árbol de Navidad.

Pero, otra vez,
apareces en mi mente
inundando mi vida
de nostalgia,
haciéndome recordar
todos los besos
que nos dimos
durante aquel invierno
en el que el frío
no me hizo temblar
porque tú, sólo tú
me dabas calor.

Sin embargo,
observo a mi alrededor
los rostros sonrientes
que me acompañan
en esta velada.
Y desapareces,
como el humo
de aquel café,
de aquel cigarro,
de aquel tren.

Posiblemente un Sol.

Cuando, entre la multitud, el ruido y la profesora
no podíamos hablar,
nuestras miradas se cruzaban
como si sólo con una mirada
nos bastara para decírnoslo todo
(sin decirnos nada).

Yo me fijaba en aquel lunar dibujado
(como si de un dibujo se tratara)
en el labio inferior que tanto odiaba;
quizás sólo lo odiaba
por el mero hecho
de parecerse a aquel
personaje del libro italiano
de Miriam Dubini.

Ella me sonreía tras haberse dado cuenta
de mis continuas observaciones.
Yo sabía que esa sonrisa era la misma
que utilizaban las modelos al posar;
una sonrisa algo falsa hecha para
satisfacer los ojos de quien la
estuviera mirando. Una sonrisa
que escondía su miedo
a lo que la gente pensara porque,
según me contó una fría y triste tarde
temía mirar con desgana a la gente
y, por ello, caerles mal.
Y yo le había contestado que,
si de verdad tenían buena vista,
ya podía ponerles la cara que quisiera
que seguiría siendo igual de bella para ellos
como lo era para mí.

Sus ojos no eran menos que su sonrisa
y su lunar (odioso para ella; encantador para mí).
Tenían una maravillosa mezcla
entre el verde esmeralda
y el marrón de la madera
del pupitre situado delante mía.
Expresaban una interesante forma
de captar la luz.
Cuando el Sol brillaba
y el día era apetecible
para salir de casa,
sus ojos se volvían
verdes y alegres;
cuando la lluvia otoñal
mojaba las ventanas
y refrescaba el ambiente,
aparecía en ellos
un marrón tan intenso
que parecía iluminar el
oscuro cielo grisáceo.

Otro detalle que soy incapaz
de no nombrar
son sus cabellos dorados
que recorrían un camino recto y perfecto
alrededor de su fina cara
hasta llegar al final, donde
se producían unas pequeñas
ondulaciones que afirmaban
el hecho de que nada de su vida
y de su cuerpo
iba a ser perfectamente recto
porque ella no era así,
ni mucho menos.

Tal era la belleza de su rostro
y de su alma
que, mirara a donde mirara,
mis ojos
siempre iban a cruzarse
con los suyos
como si no soportaran la idea
de dejar de contemplar la luz
que ella - posiblemente un Sol -
resplandecía.


Palabras ahogadas

Me vuelvo a introducir
en el oscuro túnel
de mis pensamientos.
Escucho los gritos
que yacen en el interior,
que piden auxilio,
que no son entendidos
ni tan siquiera amados.

He vuelto a caer
en la escritura
buscando un poco
de comprensión
o, tal vez,
de amor.

¿Cuántas veces
tendré que esconder mis
sentimientos?
Esta es mi única salvación.
No más gritos sordos.
No más oscuridad.
No más palabras ahogadas.